Página Principal
   Contáctanos
Principios Estatutos Organizacion #
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES MEXICANO POR LA PAZ Y EL DESARROLLO

“La paz concierne a todos los pueblos...”


Frederik Juliot-Curie

A pesar del fin de la guerra fría, los acontecimientos que hacen peligrar la paz son aún frecuentes. Si bien el riesgo del holocausto absoluto parece haberse alejado con el desvanecimiento de uno de los bloques, la posibilidad de las confrontaciones a gran escala está aún latente y convive cada vez más con la amenaza de los conflictos regionales. La carrera armamentista no se termina y a los antiguos, tradicionales, centros productores y distribuidores de armamento, se suman otros emergentes, que agregan al riesgo nuclear la amenaza química, bactereológica y convencional. Por lo tanto, la persistencia de conflictos, y principalmente de las causas que los generan, sigue constituyendo uno de los temas más apremiantes de la agenda mundial.Lograr la paz y la seguridad, el progreso económico y la equidad social, la democrácia y el respeto a los derechos humanos, objetivos que constituyen base fundamental de la razón de ser y de la acción del Movimiento Mexicano por la Paz y el Desarrollo, se ha convertido en necesidad ineludible de la humanidad en su conjunto, ya que son esos factores cuando están ausentes, cuando se desconocen o se violan, las verdaderas raíces de los problemas que vive el mundo.


Cuando puede darse por terminada la confrontación Este Oeste no puede asegurarse lo mismo en cuanto a las tensiones y las contradicciones tan bastas existentes Norte-Sur, básicamente generadas por las desigualdades del desarrollo, ni tampoco de los múltiples conflictos armados mayores y menores que están en curso en todo el planeta. Es así como el Instituto de Estocolmo de Investigación para la Paz Mundial, contabiliza en estos tiempos más de treinta regiones con problemas de tipo bélico mayor, en los que participaron cerca de 5,500,000 efectivos y fallecieron más de 250,000 seres humanos, tan sólo en 1994.
Ante la irracional ambición de poder y dominio, todo ser humano tiene el derecho elemental, y más que eso, el deber irrenunciable de demandar el alto total e inmediato de toda actividad que pongan en riesgo la sana y armoniosa convivencia entre personas y naciones. Pero esa exigencia de que terminen la producción, la distribución y el emplazamiento de armamentos, es decir, el desarmen total y completo, debe incluir forzosamente el reclamo de que todos los recursos económicos, humanos, cietíficos y técnicos que ahora se emplean para limentar la carrera de los armamentos se trasformen cuanto antes en proyectos de beneficio para la humildad.


Destacamos por ello la relación de competencia que existe principalemente en cuanto a gastos, entre el armamentismo y el desarrollo. Tienen indudable vigencia los esclarecimientos que en esta materia hizo en su tiempo la destacada personalidad sueca Inga Thorson quien insistía en que si los recursos utilizados para cada país con propósitos militares fueran dedicados a fines productivos y de bienestar social, se permitiría satisfacer mejor las necesidades de los países. Los recursos liberados que en ocasiones son apropiadamente llamados DIVIDENDOS DEL DESARME pueden y deben redistribuirse para elevar el nivel de la vida y promover un crecimiento más justo y equilibrado, cubriendo en particular los rezagos en inversiones productivas, servicios básicos, educación y capacitación para el trabajo.


Es una necesidad disminuir los riesgos al mínimo que implican los obstáculos no militares que se oponen a la realización plena del desarrollo de la paz que podrían convertirse en problemas militares de graves consecuencias, con políticas y medidas indispensables como desmilitarizar las medidas de seguridad, tanto las internas como las internacionales. El logro de lo anterior exige que las fuerzas militares se restrinjan a sus funciones de defensa nacional: que la industria militar, los nuevos desarrollos tecnólogicos y el comercio de armas sean controlados por la comunidad internacional y que las armas sean controlados por la comunidad internacional y que las armas de destrucción masiva se eliminen de una vez por todas. Sólo dándole a la seguridad nacional y mundial un sesgo civilizado podrá ser una realidad el desarrollo social en el mundo.


Veamos si no las enormes oportunidades que abriría el desarme a nivel mundial; el gasto efectuado con fines militaristas, por ejemplo, en 1994 por los 10 países principales alcanzó una cifra superior a los 450,000 millones de dólares,, cifra equivalente al producto naiconal bruto (PNB) de los 39 países considerados por el Banco Mundial de ingreso Per Cápita más bajo. Con poco más del 85% del gasto militar anual de estos 10 países, casi 1,100 millones de seres humanos verían duplicado su ingreso.


Todo ser humano, independientemente de su grupo étnico, sexo, nacionalidad, ideológia o religión anhela la superación de sí mismo, de su grupo social y de sus condiciones de vida. Está empeñado en la construcción de un mundo mejor y sabe, o percibe, que sólo alcanzando ese objetivo podrá satisfacer, junto con los suyos sus necesidades inherentes de felicidad y bienestar. Es imperativo luchar por crea en nuestros país, en nuestra comunidad y en nuestro entorno, las condiciones para que ello suceda.


La paz que buscamos es la contrucción de un ambiente de respeto, armonía y libertad, de observancia estricta de leyes y de elementales normas de convivencia que garanticen al individuo y a las sociedades una vida plena y llena de oportunidades; la paz es el fin del hambre, del analfabetismo, de la insalubridad, de la pobreza, de la intolerancia, de la imposición, de la amenaza, de la injusticia; es el florecimiento de la vida de la explotación de todo su potencial. Es el estado de cosas en el que mujeres y hombres pueden satisfacer sus anhelos, sus deseos, y acercarse junto con su comunidad a la fellicidad y el bienestar, pero sin interferir con las idénticas y legítimas aspiraciones de otros individuos y grupos sociales.


Pero en esos términos ella seguirá siendo una utopía si no es total, si no es común a todos los individuos y pueblos de la tierra, en su escala más amplia, la paz es sinónimo de respeto entre los pueblos. La convivencia pacifica entre Estados, similares o con regímenes políticos, económicos, sociales y culturales diversos, debe estar regida invariablemente por principios del Derecho Internacional, de entre los que destacan el de no intervención y el de libre autodererminación de los pueblos. Es indispensable para el bienestar mundial que se garanticen condiciones justas para que cada pueblo le sea posible alcanzar sus ideales y defender sus intereses nacionales.


En el mundo de hoy sigue cobrando gran vigencia y resonante significado el pensamiento expresado hace ya más de un siglo por Benito Juárez en su más alta, celebre y conocida sentencia: “ENTRE LOS INDIVIDUOS COMO ENTRE LAS NACIONES, EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ.” Este reconocimiento que conlleva la paz para ser alcanzada es el punto de partida que nos garantiza avanzar siempre en el camino correcto.


La lucha por la paz es la lucha por la justicia en todos los niveles. Nunca la explotación de individuos o pueblos ha sido justificable, menos aún en el umbral del siglo XXI. No hay fundamento de ninguna especie, mucho menos moral o ético, para permitir que la acumulación sea, como lo está siendo, indiscriminada y brutal. Lleva en sí misma el germen de la destrucción y es la base de toda injusticia. Con base en ella, los países que más tienen pretenden imponer sus condiciones sobre los países que menos tienen, con lo que crean situaciones de grave insetabilidad y riesgo.


Por ello, las ciencias, incluyendo prioritariamente la política y la económía, junto con las tecnologías deben ponerse de inmediato al servicio de los pueblos para que, a través del mejoramiento de sus condiciones de vida, se suprima la injusticia y, con ello, las tensiones internacionales.


No hay paz sin desarrollo ni desarrollo sin paz. Solamente en la paz pueden darse la justicia social, la cordial convivencia y el disfrute colectivo de la liberatd como valor escencial de mujeres y hombres.


En el mundo de hoy se refuerza cada vez más la consideración reiterada por el acontecer histórico de que la necesidad de mantener un desarrollo equilibrado que incorpore la libertad, la justicia y la equidad entre sus más altos objetivos, ya que únicamente asegurando un desarrollo con estas características se puede pensar en un ambiente de paz y en una situación que haga posible la paz.


Por el desarrollo entendemos no el simple crecimiento económico o el equilibrio de las simples variables macroeconómicas, sino un sano crecimiento acompañado de impactos positivos sobre las condiciones de vida de la población, de pausas culturales integradoras y con criterios sustentables con respecto a la ecología. Sin estas premisas todo crecimiento alcanzado ampliaría las brechas de desigualdad tanto a nivel mundial como en cada país.


Una característica de la actualidad vivida por todos nosotros es, justamente, la incertidumbre. Tras la Guerra Fría, ni la paz ni el desarrollo, han obtenido un avance o cuando menos una esperanza razonalbe de cambio para mejorar.


Las nuevas relaciones entre potencias se han caracterizado por su volatilidad, al igual que las exitentes entre países desarrollados y en vías de desarrollo, lo cual implica aún más las cosas. Como ha dicho atinadamente Daniel Rorfeld, (director del SIPRI) “La incertidumbre y la impredescibilidad son vistos como las principales amenazas... (y)el pesimísmo ha comenzado a reemplazar la euforia que acompañó el colapso del sistema bipolar de fines de los ños ochenta y comienzos de los noventas”.


Considerar el desarrollo como la base misma de la paz y la seguridad nacional, y a la paz como el más firme sustento para el desarrollo, implica atender con eficacia la marginación y la desigualdad, responder efectivamente a las necesidades de los diferentes grupos sociales; de obreros y campesinos, de la niñez, de la juventud, de cada uno de los géneros y de la tercera edad, y canalizar recursos a la ecología a la conservación de las riquezas naturales. En todo esto hay que dar especial atención a las comunidades indígenas, con las que tenemos una deuda histórica que hay que solventar bajo una relación respetuos y renovada interlocución.


Exiten, por lo tanto, obstáculos no militares que se oponen a la realización plena del desarrollo y de la paz, que de no tener un tratamiento adecuado y una respuesta satisfactoria, amenzan convertirse en problemas militares de graves consecuencias.


El pueblo mexicano tradicionalmente ha luchado a favor de la paz mundial. La máxima de Juárez orienta su camino, por lo que es consciente de que para lograr su anhelo es indispensable respetar sin restricciones ni distinción los derechos de otros pueblos. Y así lo ha hecho. La defensa de la soberanía es la expresión más alta de la defensa de los intereses escenciales de la nación y el pueblo mexicanos. La paz es la mejor condición para mantener incólume la soberanía. La paz es soberanía.


Por eso el MOMPADE como un de sus postulados fundamentales exige irrestricto respeto y enarbola la defensa de la soberanía como una de sus más elementales causas. Precisamente por eso proclama el respeto a la soberanía nacional, a la conquista plena de la independencia económica hasta cumplir el postulado de Morelos:
“Que se declare que lo nuestro ya es nuestro para nuestros hijos”.


En las condiciones de hoy, esta comprobado que en gran medida las principales fuentes de amenza para la paz provienen no de enfrentamientos entre naciones sino al interior de ellas. Nuestro país es un caso de estas situaciones. Aún esta en pie el conflicto en Chiapas. Su solución, como cualquier caso de esta naturaleza esta radicada en el diálogo, la concertación y la justicia, solución por la que seha pronunciado y se pronuncia el Movimiento Mexicano por la Paz y el Desarrollo. Es por ello que el Movimiento Mexicano por la Paz considera de una importancia fundamental la recomendación de la llamada “COMISIÓN CARLSSON-RAMPHAL” de las Naciones Unidad, consiente en que “La seguridad global debe ampliar su tradiconal enfoque de seguridad de la gente y del planeta... (ya que) todos los pueblos, no menos que las naciones, tienen derecho a una existencia segura, y todos los estados tienen la obligación de proteger esos derechos”.


Una de las tareas principales del MOMPADE es contribuir al logro de una paz justa, digna y democrática en Chiapas lo que sólo será posible por esta vía del dialogo, la concertación y el acuerdo político.


Hace una brizna de tiempo, en esta tierra de nuestras raíces y al borde del Océano Pacífico –como símbolo de inmensidad física y conceptual- el entonces nominado Grupo del los Seis, reunió sus palabras “para proclamar el derecho de la humanidad a la paz”, para reiterar el compromiso en voz autorizada de seis mandatarios, “de proteger este derecho para hacer posible la superviviencia del género humano”. Y como en otro tiempo Cicerón, allí en la perpetuamente memorable reunión de Ixtapa, Gabriel García Márquez hizo referencia a la fábula de Siracusa: ya no una espada sostenida por la crín de un caballo, sino el dantesco cataclismo de la explosión nuclear, suspendido por una moderna crpín más frágil: “el arte simple de oprimir un botón”.


“Un minuto después de la última explosión –bosquejaba García Márquez- más de la mitad de los seres humanos habrá muerto. El polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo. Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirán el tiempo de los océanos  voltearán el curso de los ríos, cuyo peces habrán muerto de ser en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cieloi. Las nieves perpetuas cubrirán el desierto del Sahara, la vasta Amazonia desaparecerá de la faz del planeta destruida por el granizo, y la era del rock y de los corazones trasplantados estará de regreso a su infancia glacial. Los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos. La creación habrá terminado. En el caso final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas.


La declaración de México,emanada de aquella histórica reunión, tuvo amplísima respuesta de los gobiernos, personalidades y agrupaciones, de numerosos y variados lugares del planeta; la aceptación y apoyo de las primeras potencias nuestro Movimiento Mexicano por la Paz reprodujó y difundión dicho documento en la mediad de sus posibilidades, para que fuese analizado, estudiado y comprendido,dando su valor y significación


Medio siglo después de la primera catástrofe en Hiroshima y Nagasaki, ante la persistencia racionalmente inexplicable de los ensayos nucleares, reiteramos la urgencia de movilizar a nuestro pueblo y a todos los pueblos del mundo para que constribuyan en las tareas pacifistas, para que tomen inciativas, para que se luche desde la presencia de cada individuo en la exigencia de obtener la paz como inalienable derecho de la humanidad.


Nos proponemos retomar y renovar una causa, una acción organizada, una expresión amplia unitaria que constituye una rica tradición del pueblo mexicano que desde 1949 con el Primer Consejo Mexicano por la Paz levantó muy alto y supo comprender que la defensa de la paz también le concierne como concierne a todos los pueblos.


Hoy, en un mundo, en un continente, en un país con nuevos, graves desafíos a la vez que con nuevas oportunidades y perspectivas para alcanzar una paz permanente, sin armas nucleares, con libertad, democracia, soberanía y justicia para todos, nos abocamos a dar paso con base en los principios fundamentales señalados al nuevo movimiento por la paz, al MOVIMIENTO MEXICANO POR LA PAZ Y EL DESARROLLO.


Pretendemos así reunir nuestro movimiento, en nuestra agrupación, los esfuerzos individuales o colectivos cualquiera que sea su rubro o procedencia, para manifestar y multiplicar las acciones e iniciativas que conduzcan a desterrar toda violencia y todo hecho que contravengan la paz. 



 
Bolivar No. 21, Departamento 615, Col. Centro, Delegación Cuahutémoc, D . F., 0670
Teléfono y Fax: 55 18 30 97